miércoles, 2 de agosto de 2017

Se terminan en la cancha


Luego del polémico fallo de la AFA, Riestra y Comunicaciones deberán completar este jueves los 5 minutos restantes para definir quién subirá a la Primera B Nacional. Nada nuevo bajo el sol. En 1946, Newell’s y San Lorenzo disputaron un mini partido de ¡70 segundos!

No será el primer antecedente en el fútbol argentino que un encuentro se reanuda por tan poco tiempo. La AFA se eroga el derecho de reanudar los partidos basándose en el argumento de que “deben definirse en la cancha”, independientemente de los minutos que falten. Y el encuentro entre Riestra y Comunicaciones no será la excepción, más allá del cambio de mando en la Asociación del Fútbol Argentino.

Un partido de 70 segundos

El 27 de octubre de 1946, Newells´recibía a San Lorenzo en el Parque Independencia. El conjunto de Boedo, que luego se consagraría campeón en de ese torneo gracias a su poderío ofensivo, se fue en al entretiempo ganando por 2 a 0, con goles de Pontoni y Silva. Los rosarinos lograron empatar en el complemento con 2 goles de Runzer.
Todo transitaba con total normalidad hasta el minuto 88 cuando el árbitro Osvaldo Cossio anuló el tercer gol de los locales. En medio de las protestas, San Lorenzo emprendió un mortífero contraataque que termino con un centro mal rechazado por Cayetano Nieres, defensor de Newell’s, con destino final en su propio arco.
Fue allí que el caos se apoderó del estadio. Los enardecidos hinchas lograron ingresar al campo de juego para ajusticiar al pobre de Cossio y a los jugadores visitantes.  El juez, astuto, logró escapar por un agujero que había en el alambrado y salió corriendo hacía el Parque Independencia con decenas de hinchas detrás quienes minutos después lograron interceptarlo y propiciarle una feroz paliza. Los simpatizantes armaron una horca improvisada con cinturones para colgar al referí de un árbol. Por suerte para Cossio, tres soldados que llegaron al lugar lograron dispersar a los hinchas. El juez debió ser internado en el Sanatorio Británico de Rosario en donde debió permanecer durante algunos días. Lo insólito fue que, luego de recibir el alta, el árbitro debió escaparse en el baúl de un auto ya que un puñado de hinchas insatisfechos aun lo aguardaban fuera de la clínica.
Pero la consecución de hechos insólitos continuó cuando la AFA decidió jugar los restantes ¡70 segundos! La entidad madre del fútbol argentino, presionada por los intereses de Boca –escolta de San Lorenzo- dio por válido el pedido del conjunto Xeneize.
El 11 de noviembre se completó el mini partido en la cancha de Ferro con 2 mil personas que quisieron ver el escuetísimo partido. Obviamente, el resultado no se modificó y los de Boedo mantuvieron la ventaja. Según las crónicas de la época, los equipos no lograron llegar a pisar el área rival.

La AFA y su particular modo de proceder tienen antecedentes variados de partidos reanudados por 5, 6 y 11 minutos. No obstante, el más inverosímil se dio en aquel 1946. Más de medio siglo después, poco parece haber cambiado al respecto.

martes, 7 de marzo de 2017

El fútbol en colores



Violeta, verde, amarillo, naranja, rosas…No se trata de una fiel descripción de las típicas casas que descansan a la rivera del Riachuelo en el cálido barrio de La Boca. Ni retrata las tonalidades de la paleta con la cual el pintor se gana el mango día tras día. La cuestión no es tan romántica sino que tiene justificaciones más mercantilistas. Hoy la policromía de las vidrieras de las casas de deportes exponen lo que las  marcas hace años vienen sosteniendo: ponerse a tono con la magnitud de los espectáculos deportivos y jugar su propio campeonato del marketing.
El boom de los botines de colores en el fútbol es un fenómeno propio del nuevo milenio. Desde que el fútbol se volcó a las masas, allá por fines del siglo XIX y principios del siglo XX, sus componentes fueron mutando: los torneos, las camisetas, los estadios y hasta las reglas. Lo que se había mantenido intacto hasta entonces había sido el color de los botines. El calzado fue monocromático, solo de color negro. Ese mismo negro que hoy cuesta encontrar en los pies de algún futbolista que deambula por el verde césped.
En 1996 la marca española Joma revolucionó el mercado al introducir una nueva tonalidad en los botines. “El color en el fútbol” fue el nombre de la campaña ideada por Fructuoso López, dueño de la firma.  Nada de flúo, ni fucsias: el primer calzado de color fue blanco. El ambicioso proyecto, en sus primeros momentos, recibió más críticas que aplausos. Los sectores más tradicionales del mundo del fútbol miraban con recelo el osado proyecto, sosteniendo que se acercaba más a unos zapatos de bailarinas de danzas que de futbolistas.
No obstante, lejos de caducar en su intento, López, como buen empresario y viejo conocedor del rubro, redobló la apuesta: consiguió que dos figuras de la selección de España usaran las botas que su empresa había diseñado. Alfonso Pérez, jugador del Betis, se calzó los blancos y Fernando Morientes, del Real Madrid, hizo lo propio con los rojos. Aunque Joma había dado el punta pie inicial, el negro aún seguía predominando en los calzados de fútbol.

Las grandes marcas, tras los pasos de Joma en la “moda arcoíris”
Si bien existían otras marcas importantes (Puma, Le Coq Sportif ), a finales de los noventa, Adidas dominaba el mercado de la indumentaria del futbol. Pero fue allí que a la legendaria firma alemana le iba a salir un feroz competidor, con el que debería repartir la torta de ingresos y luchar codo a codo por ver quién sería la marca número uno del planeta. Nike se posicionó como el rival a vencer por Adidas. Tanto las grandes como las medianas empresas deportivas, apoyadas en el desarrollo tecnológico, necesitaron seguir los pasos de Joma para no quedar atrás de sus competidoras.
La aceptación en el público fue aumentando considerablemente y las marcas empezaron a pagar suculentos contratos a sus máximas figuras para promocionar sus productos. Nike, con el gordo Ronaldo a la cabeza, lanzaron los Mercurial azules cromados para el Mundial de Francia 1998. Casi al mismo tiempo, Adidas no quiso ser menos y diseñó los Predators blancos con detalles rojos que llegaron al mercado con la imagen de David Beckham.
Ya a principio del siglo XXI el aluvión de botines coloridos fue mayor y fueron variando las tonalidades con mayor frecuencia. Gerardo Molina, experto en marketing deportivo de la consultora Euroméricas Sport Marketing sostiene que “ya no hay botines negros porque representan lo uniforme, lo popular y lo antiguo. Y eso vende menos que lo distinto. Por eso, las marcas los lanzan cada vez más diferenciados y personalizados. Hoy los botines son también objetos de moda y de glamour”.
Como el Quijote luchando contra los molinos de viento, la dirigencia del Manchester City decidió, hace un tiempo hasta acá, darle batalla a la moda: el conjunto inglés prohibió que los chicos de sus divisiones menores usen botines de colores.  El jefe de la Academia Citizen, Jason Wilcox, señaló que esta medida ayudará a crear jóvenes más humildes. "Queremos que la gente pueda representar a Manchester City de la manera correcta. No hay nada peor para mí que para ver a un futbolista de alto perfil, que no tiene modales o el respeto a otras personas", sentenció.
Los botines, resistentes al cambio durante mucho tiempo, fueron vencidos, convirtiéndose en objetos camaleónicos víctimas de la voracidad del marketing. En los estadios, en las casas de deporte y en potreros; desde Cristiano Ronaldo y Messi hasta el grupo más amateur de amigos; desde el habilidoso número diez hasta el más patadura del equipo. El fútbol vive una invasión multicolor en donde, cada tanto, el negro pide permiso. 

miércoles, 1 de febrero de 2017

Cuando lo absurdo es la norma

Luego del Mundial de Sudáfrica 2010, el gobierno norcoreano expuso a un increíble castigo a sus jugadores por "defraudar la confianza del líder". Por aquellas latitudes el fútbol es rehén de las embestidas del poder.




Todo es paradójico en la República Popular Democrática de Corea o comúnmente conocida como Corea del Norte. Parte de su nombre oficial (“Democrática”) poco tiene que ver con la realidad de un país en donde más de 80 mil presos políticos sufren a diario inadmisibles atropellos en los campos de concentración. Las libertades políticas e individuales son concebidas como piezas del relato capitalista occidental que buscan socavar las altas esferas del poder político. La vida de los norcoreanos es manejada por un despotismo sustentado, en gran parte, por la formidable propaganda estatal. Lógicamente, su selección de fútbol no es ajena a una sociedad que habita en la opacidad, la beligerancia, y que hace del culto al líder, su forma de vida
El fútbol en Corea del Norte responde a las políticas de hermetismo que baja su el gobierno: todo es puertas adentro. Los clubes y la liga son patrimonios del estado. Los equipos norcoreanos no compiten en torneos internacionales y sus jugadores, salvo contadas excepciones, tienen prohibido abandonar su tierra para progresar deportivamente. Y si así lo hiciesen, el régimen los obliga a girar el 70 por ciento de su sueldo y les retiene documentación privada.

Mundial 2010


Uno de los momentos más inverosímiles se vivió hace 7 años. El conjunto nacional coreano, después de 44 años, logró clasificarse al Mundial de Sudáfrica aunque la performance en la copa no fue la mejor: perdió 1-2, 0-7 y 0-3 frente a Brasil, Portugal y Costa de Marfil, respectivamente. Sin embargo, como sucede muy a menudo, las autoridades de ese país le dieron un tinte político a un hecho estrictamente deportivo. El régimen del dictador Kim Jong-Il les propició un reto a sus jugadores por “defraudar la confianza del líder”, debido a que no cumplieron con la obligación de llegar a Cuartos de Final como en 1966.
“Los jugadores pagaron por el delito de traicionar la confianza del Querido Líder tras una deshonrosa participación en Sudáfrica”, fue el comunicado oficial. Así de claro. Así de absurdo.Los jugadores (o “pseudodelincuentes”, según la visión del régimen) fueron sometidos al escarnio público, luego de exponerlos en el Palacio de la Cultura Popular de Pyongyang (capital norcoreana) y permanecer de pie durante seis horas mientras eran abucheados por el público. El técnico, Kim Jong Hoon, fue quien se llevó la peor parte ya que además debió cumplir trabajos forzados. Los únicos que no debieron pagar tributo al líder fueron An Yong-hak  y Jong Tae-se. Este último es recordado por llorar en el partido inaugural mientras sonaba el himno de su país. Temiendo por su seguridad y para evitar cualquier tipo de humillación, estos jugadores volaron sin escalas de Sudáfrica a Japón, ya que ambos jugaban en equipos de la liga nipona.
Más allá de algún intento estéril de la FIFA impulsado por los organismos de Derechos Humanos para mejorar la situación de los jugadores norcoreanos, la realidad en el país es, desde hace años, inmutable. Sin lugar para desavenencias, lo acontecido en 2010 es solo el reflejo de una nación que vive en las sombras de la sumisión, y que hace de lo absurdo, la norma.

jueves, 12 de enero de 2017

Metamorfosis mundial


Hace algunos días la FIFA decidió extender,  a partir de 2026, el cupo de participantes de la Copa del Mundo de 32 a 48. Desde el primer Mundial jugado en Uruguay en 1930 hasta estos días existieron cambios de todos los colores y todas las formas de disputa: de 13, 14, 16, 24 y 32 equipos. Con eliminación directa y sin ella. Con invitaciones. Con zonas de 2, 3 o 4 equipos hasta en un mismo torneo. Grupos de todos contra todos y hasta casos de clasificaciones dirimidas bajo el azar de una moneda. Así fue mutando la Copa del Mundo desde sus inicios.

1930. Sede: Uruguay. Cantidad de participantes: 13
Los equipos se dividieron en 3 grupos de 3 equipos y uno de 4. Los mejores de cada grupo pasaban a la semifinal. 

1934. Sede: Italia. Cantidad de participantes: 16
Por la gran demanda de equipos interesados en participar, la FIFA crea un sistema de clasificación previo al Mundial y extiende el cupo del mismo. La novedad estuvo en que no hubo grupos y por primera vez se utilizó el método de eliminación directa. De no resolverse el empate dentro de los 90 minutos reglamentarios y la prórroga de 30 minutos más, al día siguiente debía disputarse un nuevo encuentro hasta que haya un ganador.

1938. Sede: Francia. Cantidad de participantes: 15
El formato de competición fue el mismo que en Italia 1934. Suecia, por no tener rival en Octavos, pasó directo a Cuartos.

1950. Sede: Brasil. Cantidad de participantes: 13
Se dispuso volver al sistema implementado en Uruguay 1930: los 13 participantes se dividieron en 2 grupos de 4, uno de 3 y uno de 2. Por primera vez, se instaló el sistema de liguilla de todos contra todos en la fase final, formada por los ganadores de cada grupo.

1954. Sede: Suiza. Cantidad de participantes: 16
El formato de organización fue algo más parecido a como lo vemos por estos días. 4 zonas de 4 equipos, de los cuales acceden a la fase final los 2 mejores de cada grupo. Sin embargo, no se enfrentaban todos contra todos en el grupo, sino que cada equipo disputaba 2 partidos en la Fase inicial.  Luego, comenzaba la eliminación directa desde Cuartos de Final.

1958. Sede: Suecia. Cantidad de participantes: 16
El Mundial se disputó igual que en Suiza 1954, con la salvedad que se implementó en esta Copa del Mundo, el sistema de todos contra todos en los grupos. Algunos seleccionados disputaron 4 encuentros en la primera fase, ya que en caso de empate en cantidad de puntos, los equipos debían desempatar jugando un nuevo partido.

1974. Sede: Alemania. Cantidad de participantes: 16
Si bien la cantidad de equipos se mantenía, parte del formato cambió a partir de este Mundial. El sistema de disputa en la primera ronda se mantuvo, aunque en la Fase Final ya no se utilizaba la eliminación directa desde Cuartos de Final sino que, a los mejores 8 equipos (2 mejores de cada zona) se los repartía en 2 grupos. Allí, los mejores de cada zona disputaban la final, y los segundos, el tercer y cuarto puesto.

1982. Sede: España. Cantidad de participantes: 24
Se agranda el cupo de 16 a 24 selecciones y con ellos el sistema de disputa. La primera fase se dividía en 6 grupos de 4 selecciones cada uno, de los cuales  los 2 mejores equipos pasaban a la segunda fase. Esta fase estaba compuesta por 4 grupos de 3 equipos, donde el mejor de cada zona pasaba a disputar la semifinal.

1986. Sede: México. Cantidad de participantes: 24
Si bien la cantidad de selecciones se mantuvo, el formato volvió a cambiar. De los 6 grupos de la fase inicial, accedieron los 2 mejores y los 4 mejores terceros de cada zona. Con las 16 selecciones en la fase final, comenzó la fase de eliminación directa.

1990. Sede: Italia. Cantidad de participantes: 24
El formato de competición se mantuvo igual al del ‘86. Sin embargo, el Mundial de Italia tuvo la particularidad de la intervención del azar para definir el pasaje a la segunda ronda: Irlanda y Holanda, que conformaban el grupo F, empataron en igualdad de puntos, goles a favor y en contra, y resultado entre ambos. Por este motivo, la FIFA tuvo que apelar a la moneda para desempatar. El favorecido fue Irlanda.

1998. Sede: Francia. Cantidad de participantes: 32

He aquí el último gran cambio en el formato de disputa de las Copas del Mundo. En Francia ’98 la cantidad de participantes pasó de 24 a 32 tal cual se mantiene hoy en día. El modelo de competición consistió en el diagramado de 8 grupos de 4 equipos cada uno. La segunda fase, se disputó bajó el modelo de eliminación directa.

viernes, 12 de agosto de 2016

El Personaje: Orestes Katorosz

Fue modelo, periodista,  actor, bombero y hasta dirigió la primera de All Boys. Llegó al fútbol de manera poco convencional e implementó una curiosa metodología de entrenamiento basada en terapias alternativas. Su máxima virtud fue su perspicacia para codearse con políticos, artistas y personalidades de Hollywood. Aquí la historia de un personaje tan singular como su nombre.

Pocos son los que lo recuerdan. Algún que otro futbolero de memoria prodigiosa o de raíces blancas y negras. Su paso por All Boys como DT fue tan efímero que no muchos asocien su nombre con una pelota de fútbol. Y quienes lo hagan no será seguramente por sus aportes a la táctica y la estrategia, sino por el personaje que circunda a Orestes Katorosz.
"Casi me levanto a Cindy Crawford" es una tanta de las frases en el haber de Orestes que lo pinta de cuerpo entero. El hombre de los mil empleos fue, entre tantas cosas, corresponsal de guerra, bombero, periodista, locutor, modelo y también director técnico. Pero para comenzar a entender la excentricidad de este personaje, comencemos explicando quién fue Kastorosz antes de su llegada a la dirección técnica de All Boys, allá por el 2000.
Orestes Kastorosz nunca jugó al fútbol de manera profesional.  Su escuálido currículum deportivo solo contaba con algunas participaciones en equipos amateurs y un puñado de pruebas en el Cosmos de Nueva York, en donde tuvo la suerte de compartir prácticas con Frank Beckenbauer. Ya retirado de las canchas, supo ser ayudante del cuerpo técnico de la selección de Australia en las Eliminatorias al Mundial de Estados Unidos 1994.
Su vida extradeportiva, en cambio, abarca un sinfín de anécdotas que lo convirtieron en un personaje singular. Fue periodista  y locutor en la Argentina y el exterior. Llevó a cabo el duro oficio de ser corresponsal en diferentes países de Latinoamérica en época de guerrillas. Fue productor en diferentes programas y hasta modelo publicitario de comerciales en América, Estados Unidos y Europa. En su rol actoral compartió elenco con Rodolfo Ranni, Adrián Suar, Carlos Calvo, Raúl Taibo, Mariano Martínez y Natalia Oreiro. Y como si eso no le alcanzara, Orestes quiso ponerle una pizca más de vertiginosidad a su vida y decidió, entre tras cosas, ser jardinero de famosos e incluso “internarse” en un cuartel de bomberos en Nueva York para experimentar bien de cerca la convivencia con el peligro.
La parte más jugosa del ex técnico de All Boys está en su sagacidad para perseguir artistas y famosos.  Así contaba en una nota publicada en Página 12, en el 2000, su encuentro con Frank Sinatra: “Lo encontré en un teatro y me puse a charlar. El tipo me dio pelota y se armó una conversación interesante. Hablamos más de media hora, nos fuimos del teatro y no sé adónde me quería llevar. Pero yo estaba con mi novia y no la podía dejar. Tuve que saludarlo, chau, chau, y nunca más”. El hombre que entrevistó a Clinton vestido de Cristóbal Colón y autodeclarado amigo de Borges también evocaba, en aquella entrevista, su affaire con Cindy Crawford: “Me presenté como el embajador argentino. Ahí le dije que estaba agradecido de que estuviese en el país y le pedí un beso en nombre del hombre argentino. Después la seguí, la invité a salir y le dejé mensajes en el contestador. Estuve cerca, pero no pude engancharla porque ya tenía un programa hecho”.


Su etapa como técnico de All Boys
Como pocas cosas en su vida, la llegada de Katorosz a la dirección técnica no se dio bajo los carriles normales. Con un currículum futbolero poco plausible para el puesto, un grupo económico vio el negocio más allá del desafío deportivo: desembolsó  40 mil pesos por mes (importante suma en ese entonces) y lo colocó en el conjunto de Floresta. Los inversores apelaron a su perfil alto y su extraña metodología de trabajo, que consistía, entre tantas cosas, en largas jornadas de meditación y alteración en los números de las camisetas para confundir a los rivales en las marcas. Se sabía que si los buenos resultados llegaban, los márgenes de ganancias serían exponenciales. Pero nada de eso ocurrió.
Luego de 8 partidos y de cosechar 12 puntos sobre 24, las duras peleas internas con su propio cuerpo técnico lo alejaron del puesto. Fiel a su estilo, Orestes se fue de la dirección técnica no sin antes disparar contra lo que hasta ese entonces había sido su grupo de trabajo: “Se me reveló mi gente: primero Sánchez -ayudante de campo-, ahora Viana – el preparador físico- me quiere serruchar el piso”.
De naturaleza excéntrica y espíritu aventurero, Orestes Kastorosz fue una de las tantas rarezas que guarda la historia del fútbol argentino en su haber.


martes, 5 de julio de 2016

El extranjero


En 1942 el escritor Albert Camus publicó “El Extranjero”, una novela que tiene como protagonista a un hombre que se encuentra alienado de sí mismo y de una realidad que lo rodea y que siente que no le corresponde. Si cualquier guionista de estos tiempos quisiera hacer una remake de esta obra, tendría material más que suficiente con el momento que le toca padecer una vez más a Lionel Messi con la celeste y blanca. 
Pasó una nueva final y la foto es la misma que la de hace un año en Santiago de Chile, hace dos, en el Maracaná, y la de hace nueve en Maracaibo. Leo cabizbajo, apesadumbrado, con lágrimas en los ojos, buscando alguna respuesta en lo más recóndito de su cabeza. Pero no. Las respuestas no llegan. Por lo menos no ahora. Seguirá sin entender por qué siendo el mejor del mundo no puede darse ese gusto: gambetear al estigma que le propicia la más pegajosa y férrea marca personal que cualquier otro rival le puede hacer jugando con la Selección.
La tristeza y la desazón resurgen en su interior porque siente que falló otra vez. Cree, equivocadamente, que les falló a los argentinos pero que principalmente le falló a Lionel Messi. Siente que la Selección no es para él. Su espejo, nuevamente, le devuelve la imagen de lo que no es. Messi se siente un extranjero en su propio cuerpo. 
Pero a Leo –sí, tengo el tupé de tutearlo aunque no lo conozca- le duele también ser un extranjero en su tierra. Ser insultado por parte de su pueblo. Ser rotulado increíblemente como miembro del club de “los cebollitas”. Le duelen las finales, los insultos, el desprestigio y las injusticias. Le duele el apremio que tienen que pasar sus familiares y allegados, después de cada final. 
Le encomendamos a Messi la injusta y pesada tarea de hacernos felices. De alejarnos, por un rato, de nuestras miserias. De ganar un título. Le exigimos cómo tiene que sentir la camiseta y hasta cómo tiene que cantar el himno. En parte porque seguimos viviendo de la nostalgia del pasado: tenemos aún la inmaculada imagen de Diego gambeteando ingleses y convirtiendo el mejor gol de la historia. Lo recordamos insultando a los italianos mientras chiflaban nuestro himno y le pedimos a Lionel que haga lo mismo. La sombra de Maradona está agazapada y aparece ante cada nueva frustración. No toleramos que Messi no sea Diego. Porque para la lógica argentina Maradona fue lo que hizo, y Messi es lo que no hizo. 
Nos olvidamos de lo que es. El mejor de todos hace casi diez años. Pero lo más importante es que lo hace con honestidad y humildad. Vivimos en una época de un mundo hiperglobalizado en donde las figuras del deporte mundial son más respetadas que los propios líderes políticos. Messi, sin quererlo, baja ese mensaje a los jóvenes. De esfuerzo, de amor a lo que se hace, pero sobretodo de humildad y perfil bajo. Entonces me dirá un detractor “a mí que mi importa como es afuera de la cancha, yo quiero que gane algo con la Selección”. Yo le respondo que eso está en cada uno. Para quien escribe importa y mucho. Porque hablamos de un personaje público que llega a millones de jóvenes. Que lo adoran en India, Australia, España o Corea. Que aglutina multitudes a donde va. No solo es un ejemplo por lo que hace en el terreno de juego sino fuera de él. Concibo personalmente que el deporte es un arma loable para sacar a los jóvenes de la calle y una herramienta noble para inculcarles valores. Y para eso, nada mejor que un referente (y encima argentino) que pregone muchos de esos valores. 
Propongo que cuando pongamos en tela de juicio su “argentinidad” nos acordáramos que él eligió jugar para el país que le negó pagarle el tratamiento para su enfermedad. Que le dijo que NO a la Selección de España, a pesar de tener a todos sus compañeros de Barcelona jugando allí. Que se perdió el nacimiento de su segundo hijo para jugar un AMISTOSO con la Argentina. Que ante la difícil situación que tuvo que vivir ante la Justicia española, él eligió hacer miles de kilómetros para jugar con la celeste y blanca un AMISTOSO frente a Honduras. 
Ayer pegó el portazo y ojalá sea solo una advertencia. Las derrotas, el bochornoso presente en AFA, las críticas despiadadas lo condujeron a esta decisión. Ahora será momento para la reflexión.
No propongo dar lecciones de moralidad ni soy quien para hacerlo. Cada uno disfruta a su manera al deportista que quiera. ¿A Messi se lo puede criticar? Claro que sí, pero sería saludable que sea en el marco de lo futbolístico y dejando de lado las arremetidas chauvinistas. Porque el diez se encarga de jugar al fútbol (y vaya si lo hace bien) y no de recuperar las Malvinas. 
Messi probablemente volverá porque ama a su Selección. Para ese entonces, querrá, más que nadie, lograr lo que tanto anhela, y de una vez por todas, dejar de sentirse un extranjero en su propio cuerpo.

jueves, 24 de marzo de 2016

Historias del horror

Antonio Piovoso fue el único futbolista de Primera División desaparecido por la última y más sangrienta dictadura militar. Fue arquero de Gimnasia de La Plata, donde jugó tres partidos aunque ninguno de ellos como titular. Compañero de Gatti, hoy a 40 años del golpe recordamos su singular historia que se manchó de horror así como la de otras 30 mil personas.


Antonio Piovoso junto al Loco Gatti en Gimnasia



El 6 de septiembre de 1977 un grupo de oficiales armados vestidos de civil irrumpieron en el estudio de arquitectura 2a&2i de las galerías Williams, ubicadas en la calle 8 en la ciudad de La Plata. Tomaron por sorpresa a los empleados y sin muchos preámbulos, y con una brutalidad característica de un estado represor, los agentes detuvieron al personal que se encontraba en las oficinas. Buscaban a Jorge Martina, un arquitecto militante del Partido Comunista. Pero el destino quiso que fuese Antonio Piovoso quien estuviese en el lugar y en el momento equivocado. El Tano, que no era más que un simple estudiante de arquitectura, fue víctima del atropello militar. Mientras le propinaban una feroz golpiza a Martina en el suelo, los uniformados le juraban a Piovoso: “A vos también te vamos a llevar por pelo largo”, según relató Moiranio, amigo y testigo del Tano en el Juicio. Y así fue. Desde aquel día no se supo nada más ni de él ni de Martina.
    Pero su historia ligada al fútbol arrancó mucho tiempo antes. Piovoso hizo todas las inferiores en Estudiantes de La Plata(en donde no pudo debutar) para luego cruzar de vereda y recaer en Gimnasia. Allí sería tercer arquero, suplente del Loco Gatti y de Daniel Guruciaga. Pero tan peculiar como efímera fue su carrera que solo disputó tres partidos en Primera y ninguno de ellos como titular. Su debut fue el 19 de abril de 1973 en la derrota del Lobo contra Argentinos Juniors en La Paternal, entrando a los 41 minutos por el lesionado Guruciaga. Así, como una especie de maldición, jugó dos partidos más contra All Boys y Rosario Central respectivamente (en ambos reemplazó a Gatti) en los cuales también su equipo se vio derrotado. Para colmo, sus actuaciones, según reflejan las crónicas de la época, no fueron las mejores. Ese fue el principio del fin. El arquero no volvería a atajar en un partido de Primera División. Pero lejos de alejarse del fútbol, el Tano trató de reconstruirse jugando en la Liga del interior de Buenos Aires: Atlético Mones Cazón, Athletic de Azul y Nación de Mar del Plata fueron los equipos elegidos.

Un año antes de su desaparición, Piovoso decidió retirarse del fútbol para poder completar más raudamente sus estudios universitarios (estaba cursando quinto año en la Facultad de Arquitectura de La Plata). No obstante, sus sueños se desmoronaron aquel 6 de septiembre de 1977 en manos del grupo comando del ejército. Una historia que carece de notoriedad de la cual el fútbol no puede ni debe olvidar.