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jueves, 24 de marzo de 2016

Historias del horror

Antonio Piovoso fue el único futbolista de Primera División desaparecido por la última y más sangrienta dictadura militar. Fue arquero de Gimnasia de La Plata, donde jugó tres partidos aunque ninguno de ellos como titular. Compañero de Gatti, hoy a 40 años del golpe recordamos su singular historia que se manchó de horror así como la de otras 30 mil personas.


Antonio Piovoso junto al Loco Gatti en Gimnasia



El 6 de septiembre de 1977 un grupo de oficiales armados vestidos de civil irrumpieron en el estudio de arquitectura 2a&2i de las galerías Williams, ubicadas en la calle 8 en la ciudad de La Plata. Tomaron por sorpresa a los empleados y sin muchos preámbulos, y con una brutalidad característica de un estado represor, los agentes detuvieron al personal que se encontraba en las oficinas. Buscaban a Jorge Martina, un arquitecto militante del Partido Comunista. Pero el destino quiso que fuese Antonio Piovoso quien estuviese en el lugar y en el momento equivocado. El Tano, que no era más que un simple estudiante de arquitectura, fue víctima del atropello militar. Mientras le propinaban una feroz golpiza a Martina en el suelo, los uniformados le juraban a Piovoso: “A vos también te vamos a llevar por pelo largo”, según relató Moiranio, amigo y testigo del Tano en el Juicio. Y así fue. Desde aquel día no se supo nada más ni de él ni de Martina.
    Pero su historia ligada al fútbol arrancó mucho tiempo antes. Piovoso hizo todas las inferiores en Estudiantes de La Plata(en donde no pudo debutar) para luego cruzar de vereda y recaer en Gimnasia. Allí sería tercer arquero, suplente del Loco Gatti y de Daniel Guruciaga. Pero tan peculiar como efímera fue su carrera que solo disputó tres partidos en Primera y ninguno de ellos como titular. Su debut fue el 19 de abril de 1973 en la derrota del Lobo contra Argentinos Juniors en La Paternal, entrando a los 41 minutos por el lesionado Guruciaga. Así, como una especie de maldición, jugó dos partidos más contra All Boys y Rosario Central respectivamente (en ambos reemplazó a Gatti) en los cuales también su equipo se vio derrotado. Para colmo, sus actuaciones, según reflejan las crónicas de la época, no fueron las mejores. Ese fue el principio del fin. El arquero no volvería a atajar en un partido de Primera División. Pero lejos de alejarse del fútbol, el Tano trató de reconstruirse jugando en la Liga del interior de Buenos Aires: Atlético Mones Cazón, Athletic de Azul y Nación de Mar del Plata fueron los equipos elegidos.

Un año antes de su desaparición, Piovoso decidió retirarse del fútbol para poder completar más raudamente sus estudios universitarios (estaba cursando quinto año en la Facultad de Arquitectura de La Plata). No obstante, sus sueños se desmoronaron aquel 6 de septiembre de 1977 en manos del grupo comando del ejército. Una historia que carece de notoriedad de la cual el fútbol no puede ni debe olvidar.

martes, 4 de noviembre de 2014

Historias inéditas: Una "sentada" histórica


      El 8 de octubre 1933, San Lorenzo recibió a Gimnasia en un encuentro clave en la carrera al título. Ante los reiterados fallos arbitrales en su contra, los jugadores del Lobo decidieron realizar un inaudito método de protesta: ¡una sentada en pleno campo de juego! Después de recibir siete goles, el árbitro dio por suspendido el match y ganadores a los de Boedo, quienes se alzarían con el título aquel año.

El jugador de San Lorenzo convierte uno de los goles ante la pasividad premeditada del arquero Herrera.
      El campeonato de 1933 parecía tener dueño. Estaba todo dado para Gimnasia de La Plata pueda consagrarse campeón como años antes en el amateurismo. “El expreso” – como se lo conocía por su paso arrollador- era un quipo formidable que contaba con la base que había logrado el título en 1929. Ya sin Pancho Varallo (vendido a Boca), José María Minella tomó las riendas de líder y gran figura del conjunto tripero que mantuvo la punta durante 27 fechas. Pero los arbitrajes quisieron –vaya a saber por que razón- que eso no fuera así.
       Los platenses venían de un partido bastante desfavorable frente a Boca Juniors -uno de sus inmediatos perseguidores- en donde se le dio un penal a favor inexistente y se le convalidó un gol en claro offside al conjunto Xeneize. En la jornada 28, Gimnasia fue a Boedo, en donde lo esperaba un equipo en gran nivel que lo asechaba a sólo un punto debajo. Y vino la debacle. Después de un primer tiempo sin goles, el arbitro Rojo Miró cobró tiro libre para el Lobo ante una falta que había sido claramente – cuenta los testigos de aquella época- dentro del área. Otra vez la injusticia menoscababa la ilusión de Gimnasia. Pero eso no iba a ser todo, ya que minutos después, el colegiado iba a dar por válido un gol a San Lorenzo, luego de un remate, aduciendo que la pelota había superpuesto la línea de meta. Todos los presentes reconocieron que el arquero había parado el balón antes de que éste la traspusiera.
"El  Expreso", conocido a aquel equipo de Gimnasia de 1933
      El enfado se apodero del conjunto platense y decidieron, en modo de protesta y aversión ante la estrepitosa labor arbitral, sentarse en plena cancha. El juez siguió el encuentro y permitió que los jugadores azulgranas hicieran cuatro goles más. Luego de llegar al 7 a 1, Rojo Miró decidió dar por suspendido el partido y los tres puntos quedaron en manos de San Lorenzo, que luego ganaría dicho campeonato.
         El boicot sufrido por aquel equipo de Minella y compañía – más allá de la discutible reacción del equipo- aún perdura en aquellos memoriosos hinchas de Gimnasia, humillados por un fútbol que, ante la ausencia de televisión, se permitía estos arrebatos. “El expreso” tenía todo dado para alzarse campeón y no pudo o no lo dejaron. Más de ochenta años después el Lobo sigue sin poder coronarse campeón de Primera División. Un club con historias de adversidades e infortunios para derrochar.