viernes, 3 de abril de 2015

El Fútbol y la Guerra de Malvinas: El show debe continuar

     
     El viernes 2 de abril de 1982, las tropas argentinas desembarcaban en las Islas Malvinas y comenzaba la guerra que dejaría cientos de jóvenes muertos y otros tantos con nefastas secuelas. En paralelo, la AFA daba inicio ese mismo viernes por la noche a la novena fecha del Torneo Nacional que se abría con el partido entre Central Norte de Salta y Mariano Moreno de Junín. El encuentro, que se disputó en el estadio de Gimnasia y Tiro ante la presencia de 2.580 espectadores, terminó con victoria para los salteños por 1 a 0. El transcurrir de la fecha siguió, por ejemplo, con encuentros como Huracán-Boca en Parque de los Patricios, o River - Nueva Chicago. Por la Primera B, Lanús y San Lorenzo, buscaban el regreso a Primera.
     Los días pasaban y la pelota seguía rodando como si nada ocurriera. Mientras tanto, varios kilómetros al sur, los novatos solados argentinos luchaban en inferioridad de condiciones ante las expertas tropas inglesas. Los bombardeos eran cada vez más sangrientos. Eso sí, en todas las canchas del país se cantaba el himno nacional, que respondía a un siniestro mensaje patriótico, tan absurdo que solo se entiende en el contexto del delirio de un país bajo la dictadura.
     Aquel campeonato fue ganado por el recordado Ferro de Timoteo Griguol. Luego vendría el Mundial de España y la ilusión de todos los argentinos que anhelaban con ver a un joven Diego Maradona quedarse con la Copa del Mundo junto a la base de los jugadores campeones de 1978. Incluso, los mismos soldados que sentían caer las estrepitosas bombas a metros de su humanidad trataban de sintonizar en sus radios cada partido que el conjunto del Flaco Menotti disputaba. Así de loco, así de increíble: mientras oían las gambetas de Diego o gritaban los goles de Bertoni, sus vidas estaba en manos de la puntería de las tropas inglesas.
     
El fútbol, como suele ocurrir ante la barbarie ilimitada del poder, fue una herramienta de distracción social. Los desaparecidos, la falta de libertades, el descalabro económico y social, y las muertes a causa de la guerra, debían esconderse bajo la alfombra. Una junta militar debilitada, una AFA de Julio Grondona al servicio del poder, el silencio de los medios de comunicación y un sentimiento patriótico que reposaba en todas las canchas del país al grito de "el que no salta es un inglés", permitieron semejante desvarío. Aunque en aquella gélidas islas miles de jóvenes compatriotas murieran víctimas de una guerra absurda, el show del fútbol debía continuar.

jueves, 19 de marzo de 2015

Fútbol y Cultura: One love

Si bien se lo recuerda por ser el precursor de la propagación del reggae y la cultura rastafari a nivel mundial, Bob Marley llevó consigo la pasión por el fútbol toda su vida. Desde su niñez en los barrios más marginados de Kingston, hasta en su época de estrella de la música, corrió detrás de una pelota. Hoy descansa en su tumba junto a una número cinco.

   “El fútbol es una habilidad en sí misma. Todo un mundo; un universo por sí solo. Yo lo amo, porque debes tener la suficiente destreza para jugarlo. ¡Libertad! ¡El fútbol es libertad!”. Cualquier persona que pudiera leer estas palabras sin saber de quién se trata, supone lógicamente que son declaraciones de un jugador de fútbol profesional, o una vieja estrella del deporte más popular, o un entrenador que le dedica las 24 horas del día a ver fútbol, estudiar sus rivales y potenciar a sus dirigidos. Pero no. Son palabras de uno de los músicos más influyentes del siglo XX. Un músico que trascendió por expandir una cultura, una filosofía de vida.
      De chico Bob Marley era hincha del humilde Boys Town FC, equipo ubicado en los suburbios de Kingston, la capital de Jamaica. Allí pasó horas detrás de una pelota, añorando ser Pelé (su ídolo futbolero) y deseando vestir la camiseta de su selección. Todo era amor y paz pero cuando se oían las sirenas de la policía, el joven Bob y sus compañeros no dudaban un segundo; agarraban sus pertenencias, y sin titubear, comenzaban una corrida feroz perdiéndose entre las humildes casillas del barrio. En un país en donde la marginalidad y el delito son castigados de manera brutal en chicos y adultos sin ningún tipo de diferenciación, una escapada a tiempo los salvaba de la despiadada represión policial.
          Ya de grande Bob Marley siguió siendo un apasionado del fútbol. La fama no camufló su esencia. Cuentan que Marley amaba jugar a la pelota en sus ratos libres, entre grabaciones o incluso antes de los conciertos. Era su manera de relajarse y descargar tensiones. Fueron muchos los picaditos en los que participó juntos a sus compañeros de The Wailers. Además, Alan Skill Cole -manager de Marley- fue un destacado jugador de Jamaica de los años 70, cuando el fútbol todavía era semiprofesional por aquellos lados. El mismo Cole comentó alguna vez: "A Bob le gustaba ser centrodelantero o volante creativo. Una vez jugamos juntos en el National Stadium y para él fue cumplir un sueño. Incluso en la entrada del estadio se levantó una estatua en su honor”.
            Su vida estuvo ligada tanto a la pelota como a la música. Si bien sus canciones no exponían sentimiento futbolero alguno, el profeta del movimiento rastafari era un dotado jugador, con aptitudes que sobresalían del resto. “Le pegaba con las dos piernas, era muy veloz y con gran manejo de balón”, lo recuerdan sus compañeros de travesías.
          Las paradójicas vueltas de la vida, hicieron que sea jugando al fútbol que Marley sentencie su muerte. En abril 1977, en un picado con periodistas y amigos, recibió un terrible pisotón: su dedo quedó prácticamente destrozado. Los médicos le detectaron un melanoma maligno a causa de una infección y sugirieron la amputación del mismo. Su religión se lo impedía y por ende él se negó. “Mi religión no aprueba la amputación. Yo no dejo a un hombre desarmado”, argumentaba aquel morocho de rastas excéntricas.
     Tres años después, en Nueva York, Bob cayó al suelo desvanecido: la enfermedad le estaba haciendo la peor y más difícil marca personal. A partir de ahí los médicos le diagnostican un mes de vida: el cáncer había dañado los pulmones, el hígado y el cerebro. Finalmente, su voz se apagó el 11 de mayo de 1981 en Miami. Su cuerpo fue trasladado inmediatamente a Jamaica . Allí, despedido ante una multitud, fue sepultado junto a su guitarra Gibson Les Pauls, la biblia del movimiento rasta, uno puñado de cannabis y una pelota de fútbol.
    Así se marchó aquel fenomenal músico, propulsor de una cultura originaria del tercer mundo pero que se expandió a lo largo y a lo ancho del planeta. Hizo de la música una manera de expresar sentimientos de paz y libertad y llevó al fútbol consigo hasta la muerte. 



viernes, 30 de enero de 2015

El mito de los goles de Pelé


     Que Pelé cuenta los goles de partidos entre casados y solteros es una de las frases mas escuchadas cuando, en un debate futbolero, se hace mención a los 1284 tantos que O Rei dice tener en su haber.  Por eso tuvimos que sumergirnos en ese interrogante para saber que hay de cierto en esa expresión y cuanta veracidad tiene la exuberante suma de conquistas. A continuación te mostramos el desglose de los goles de Pelé con algunos datos que rozan lo irrisorio.
      En abril de 2012, en una nota publicada por la revista El Gráfico, se dio a conocer la tabla de goleadores máximos en la historia de este deporte. Después de una investigación exhaustiva, en la que se recurrió a estadígrafos y archivos de todos los colores (inclusive en blanco y negro), la revista solo tomó en cuenta, como debe ser, los goles en partidos oficiales. Basada en fundamentos lógicos e imparciales, Pelé aparece como el segundo goleador en la historia pero…con 757 tantos. O sea, ¡527 menos de los que él se autoproclama!
        ¿A que se debe tan abismal diferencia? Es claro. Si uno examina los goles oficiales del brasileño, se va a encontrar con las siguientes cifras: 643 en Santos, 37 en el Cosmos y 77 en la selección de Brasil; un total de 757 gritos.  Pero acá viene lo más interesante: entre los restantes 527 goles “no oficiales”, y que O rei reconoce como válidos, se encuentran: 446 goles en amistosos y entrenamientos con el Santos, 26 en amistosos con el Cosmos, 9 en el seleccionado estadual de San Pablo, 6 en un equipo combinado entre Santos y Vasco da Gama, 18 en exhibiciones de la selección de Brasil, 3 en el sindicato de Atletas de San Pablo, 5 en partidos a beneficio y hasta ¡14 goles en el equipo del ejército de Brasil! En 1959 participó como estrella invitada del equipo del ejército de Brasil para jugar contra otros cuerpos militares de Sudamérica. A Pelé no se le escapa ningún gol. Si sumamos todos esos, más los oficiales, la cuenta da redonda: 1284 tantos.
           Pero no sólo Edson Arantes do Nascimento manipuló las cifras a su antojo, sino también su sagaz compatriota Romario. El ex Barcelona, quien aun así es el máximo goleador de la historia si hablamos de “goles oficiales”, llegó a la suma de 768 festejos. El propio Romario se adjudicó, en su obstinada lucha por llegar a los 1000 goles, 196 tantos en amistosos y hasta, por ejemplo, 3 que hizo para un combinado de Río de Janeiro.
            Esta nota tiene como único fin aclarar y dar a conocer datos reales sobre una polémica instalada que se presenta cuando se habla de Pelé y sus 1284 goles. Sin segundas intenciones, creemos que O Rei fue, es y seguirá siendo uno de los mejores jugadores (para algunos, el mejor) de la historia de este deporte. Ninguna investigación periodística le quitará la grandeza y el prestigio. Como tampoco lo harán sus verdaderas cifras.

martes, 27 de enero de 2015

Crónicas de una noche de 10


    Y un día le puso fin. Ese día que parecía tan lejano, llegó en un abrir y cerrar de ojos. Atrás quedaron sus deseos de jugar hasta los 40 años, sus anhelos de retirarse con la 10 de Boca y los sueños de otra vuelta olímpica con el club de sus amores. La pelota está triste, Román dejó de acariciarla.
    Desde este espacio decidimos hacerle un pequeño homenaje al 10. Creímos que sería caer en lugares comunes el repetir textos ya escritos hasta el hartazgo; contar vida y obra de Riquelme en una fría línea de tiempo sería más de lo mismo; su debut, sus títulos con Boca, su paso por Villareal o su andar con la Selección Argentina es de público conocimiento.
    Por eso, arbitrariamente elegimos el que, para nosotros, fue uno de sus mejores partidos con la azul y amarilla -hubo tantos otros-. Aquel 13 de junio de 2001, en el césped del Parque Antártica, por las Semifinales de Copa Libertares, Román jugó un excelso y exquisito partido. Fue una noche de 10 del 10. Volvió loco a toda la defensa rival. Trataron de pegarle, de agarrarlo, de tumbarlo… Nada pudo impedir tanto derroche; fue una exhibición de gambetas, de pelota bajo la suela, de pases sublimes y un gol made in Riquelme.
     Después de un 2 a 2 angustioso, y con la determinante ayuda de Oscar Córdoba en la definición de penales, Boca llegó a la final de la Copa, que luego ganaría con Román como bandera. Tan grande y loable fue la manifestación de fútbol de Romy que hasta Ronaldo no escatimó en elogios. Por eso, a continuación te mostramos las repercusiones en los diarios de aquella recordada noche de San Pablo. El mundo futbolero deslumbrado con la actuación del muchacho de la 10 en la espalda.

LA NACIÒN DEPORTIVA

Los hinchas de Barcelona están presionando al presidente Johan Gaspart para que compre ya a Riquelme. En una encuesta que realizó el diario El Mundo Deportivo, sobre 11.000 votos, el 92% quiere que Riquelme llegue ya a Barcelona, mientras que el 8% restante no tiene problemas en esperar hasta diciembre.
El brasileño Ronaldo, de Inter de Milán y ex jugador de Barcelona, habló maravillas del N° 10: "Riquelme es el nuevo Zidane. Que no digan tonterías de que es lento. Hace cosas increíbles con la pelota. Todo Brasil quedó alucinado en el partido Palmeiras 2 v. Boca 2. Sólo un fuera de serie hace lo que hizo él".

Diario deportivo Ole

Es mágico
Cristina Cubero. Redactora de Mundo Deportivo de Barcelona, enviada a San Pablo para seguir a Riquelme.
Yo cubro al Barsa desde el 91, y es la primera vez que me impacta tanto un jugador. Y eso que en España he visto a grandes talentos. Pero lo de Riquelme es mágico. No puedo entender cómo el Barcelona no quiere pagar ya la otra mitad de su pase. No quiero ser exagerada, pero lo que hizo Riquelme contra el Palmeiras fue increíble. Y el gol que hizo fue impresionante. Si en Europa ese gol lo hace Ronaldo, lo repiten dos años seguidos. Justo en ese gol, yo le vi cosas de Ronaldo. Sin su velocidad, pero con esa técnica tan especial... Y es sorprendente que tenga tanto liderazgo. Romy tiene lo que le falta a Rivaldo: carisma.

El chico 10
"Es un jugador increíble", se resignó el técnico del Palmeiras después de la función de Román. Y Bianchi asegura que "aún tiene una enorme capacidad para crecer".
SAN PABLO (ENVIADO ESPECIAL). "Beleza". Los periodistas brasileños parecían no creer lo que veían. Juan Román Riquelme se subía a la pelota, la protegía, la metía entre las piernas de algún rival, la volvía a cuidar, hasta que se la pasaba a un compañero. No es que lo hayan descubierto ahora, pero sí nunca antes se habían deslumbrado con Román en vivo.
El técnico del Palmeiras sabía que el hombre clave era Riquelme. Por eso le destinó la marca de Alexandre. Lo que no tenía en sus planes Celso Roth era que el defensor iba a danzar la peor de sus sambas. "Es un jugador increíble", se resignó el DT de Palmeiras.

CARLOS PRIETO. CLARIN EN San Pablo, Brasil

Boca jugó el partido soñado durante la primera mitad del primer tiempo, donde fue muy superior al Palmeiras. El equipo de Bianchi mostró un despliegue impresionante, una solidaridad conmovedora y —encabezado por Riquelme— un fútbol de alto vuelo. Es que Romy volvió a sorprender a los brasileños. Y escapó de las patadas de Galeano, infundiéndole un miedo escénico a todos los defensores locales.



miércoles, 21 de enero de 2015

La historia de los números en las camisetas de fútbol

En 1948 se comenzaron a utilizar los primeros números en las camisetas en el fútbol argentino. ¿A qué se debió? ¿Qué fue lo que motivó a la AFA a implementarlos?
    
   “Un 9 goleador”, “un 10 habilidoso”, “un 2 rústico” o “un 7 veloz” son algunas de las frases que se suelen escuchar en una cancha, en un café, o en cualquier lugar que se esté hablando de fútbol. Son rótulos universales establecidos en la jerga futbolera para asociar la característica de un jugador con su posición. Se suele relacionar de manera instantánea que el 9 es el centro delantero, el 5 el volante central o el 1 es el arquero. Pero ese criterio se fue ganando su lugar con la aparición de los números en las camisetas de fútbol.
    La historia en la relación entre el fútbol y los dígitos no tienen un punto de partida bien definido. Algunos historiadores sostienen que el primero en poner números en las camisetas de un equipo fue Herbert Chapman, DT del Arsenal inglés para poder distinguir de manera correcta a sus dirigidos, allá por 1928. Otros, en cambio, aseveran que en la Liga de Australia, ya en 1911, se jugó el primer partido con numeración en las casacas. Lo que sí está claro que, en la década del 50, el fútbol oficializó de manera universal los números en los jugadores.

Árbitros ingleses, números nuevos
      
    En nuestro país la llegada de los números en las camisetas se dio en 1949. Por aquellos años la actuación de los árbitros sembraba un manto de sospecha. El fútbol argentino no era confiable y el arbitraje estaba mal visto, acusado de favorecer a los equipos “grandes” y perjudicar a los más “humildes”. La disminución en la cantidad de público en los estadios era notable y la violencia del mismo ante situaciones sospechosas denotaba una intolerancia manifiesta cada vez más grande. Por eso la AFA decidió suspender a los árbitros argentinos y contrató jueces ingleses, quienes por aquel entonces, estaban bien vistos por su rigurosidad y su rectitud. Algunos de los que desembarcaron por estos lados fueron: Dean, Gibbs, Hartles, Provan, Gregory, White, Cox y Brown.

Se preguntará usted, ¿qué tendrá que ver la nueva resolución con los números de las camisetas? Bueno, la respuesta es sencilla: al no conocer a la mayoría de los jugadores que se desempeñaban en nuestro país, más la dificultosa labor por el idioma, los referís necesitaron la ayuda de los números en las camisetas para poder identificar correctamente a los futbolistas. Por eso el 18 de abril de 1948, se jugaron los primeros partidos con dicha disposición en la indumentaria.

    Fue prácticamente una década, en la cual, las crónicas de la época aseveran que los partidos estuvieron más cerca de la justicia que del bochorno. Se recobró, a diferencia de años anteriores, la confianza en el arbitraje. En 1958 finalizó el contrato y los jueces volvieron a su país de origen pero los números en las camisetas permanecen hasta el día de hoy.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Cuando el fútbol calmó la guerra


El 24 y 25 de diciembre de 1914, durante la Primer Guerra Mundial, los soldados ingleses y alemanes se atrevieron a hacer un breve armisticio y festejar la navidad juntos. Esos soldados que horas antes se aniquilaban de la manera más atroz, se juntaron aquella nochebuena para brindar y hasta ¡jugaron un partido de fútbol! Se cumplieron cien años de la tan conocida Tregua de Navidad. Fue el día en que la humanidad y el fútbol le ganaron por goleada a la guerra.

El diario The Daily Mirror y las noticias de aquella tregua.
Que “el fútbol nos une” es una de las frases más repetidas por quienes vivimos y sentimos tan de cerca este hermoso juego. Pero sería pertinente preguntarnos, ¿Qué tan de cierto hay en esta intrépida afirmación? ¿Es solo una frase de cliché sin pruebas ni sustentos, o realmente creemos en la magnitud del significado de la misma? ¿Podemos pensar en que una simple pelota de cuero pueda dejar, al menos por un rato, las diferencias y el odio a un costado? Esta nota tiene parte de esa respuesta.
Hace exactamente un siglo se llevaba a cabo una de los acontecimientos más nefastos de la historia de la humanidad. En territorio europeo se desarrollaba la Primer Guerra Mundial. El acontecimiento bélico, que dejó más  de 9 millones de muertos, también tuvo su pequeña tregua. El 24 y 25 de diciembre de 1914, luego de meses de fuego, heridos y muertos, la paz se apoderó del campo de batalla, al menos por un instante.
En Ypres (Bèlgica), las tropas de la Triple Alianza y la Triple Entente se masacraban sin piedad hasta que en las trincheras alemanas, decidieron cambiar el ruido de las balas por canciones y adornos navideños. Al ver esto, dada la cercanía de las mismas, no tardó en llegar la respuesta de los ingleses y franceses (aliados frente al enemigo en común), quienes se sumaron con sus cantos a la tregua. Fue entonces que por mensajes se desearon una feliz navidad. Además, esos hombres que horas antes se estaban asesinando con la más pavorosa crueldad, eligieron pasar la navidad unidos. Así fue que compartieron aquel momento con comida y bebidas de por medio.
El hermoso gesto tuvo su punto cúlmine cuando disputaron, en pleno campo de batalla, un partido de fútbol. Los soldados se aislaron de sus armas y dejaron correr la pelota por sobre el sangriento terreno. Crónicas de la época afirman que el partido terminó 3 a 2 para los alemanes. Lo importante, está más que claro, no fue el resultado.
Enterados de esto, los jefes de ambos ejércitos, no pudieron soportar la confraternidad con el enemigo y ordenaron cuanto antes retomar la postura de guerra. A la mañana siguiente la paz se fugó y las armas volvieron a cargarse de muerte. Aunque nada pudo tapar tanto dolor, aquella jornada, es recordada cien años después, por ser el día en que la fraternidad derrotó a la obediencia debida. El fútbol se hizo presente para olvidar, por un rato, tanta crueldad. 

jueves, 11 de diciembre de 2014

Matthias Sindelar y su partido más difícil

Nacido en Viena, en el seno de una humilde familia judía, es considerado el mejor jugador austríaco de todos los tiempos. Lo apodaron “el Mozart del fútbol” por la genialidad que tenía con la pelota en sus pies. Hizo del fútbol un medio de protesta al régimen Nazi, el cual lo hostigó hasta el día de su dudosa muerte. Conocé la historia del jugador que se hizo acreedor de la antipatía de Hitler.


      Flaco, alto y desgarbado. Tenía aspecto de hombre frágil. Parecía que podía quebrarse en cualquier momento ante la primera patada desproporcionada que le dieran. No por capricho lo apodaron “El hombre de papel”. Con cara angulosa y mirada entristecida, su elegancia a la hora de tener el balón asombraba a propios y extraños. Su famélica contextura le permitía tener una admirable capacidad para eludir rivales. Parecía que se sostenía en la liviandad del aire.
     Matthias Sindelar, nació en Viena en una humilde familia judía. Su infancia la pasó detrás una pelota. Ya desde chico persiguió con tenacidad su sueño de ser futbolista. Con apenas 15 años, debutó en las divisiones infantiles del Hertha Viena, y a los 20 ya era figura del Austria Viena, en donde ganó tres copas de Austria.
     En 1926 el Mozart del fútbol, como lo apodaban por su vistoso estilo a la hora de asociarse con el balón, comenzó a formar parte de la selección de su país. Ese equipo fue ganándose el respeto por sus notables jugadores. El Wunderteam, como se lo llamaba a aquel conjunto europeo, producía la admiración del mundo futbolero, y tenía como figura y capitán, al hombre en cuestión. Los austriacos obtuvieron importantes resultados como la medalla plateada en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, y la semifinal en el Mundial 1934, en donde fueron “sacados”, en un partido dudoso (a Sindelar le anularon dos goles válidos por supuesto off side), por la Italia de Benito Mussolini, quien había utilizado el evento deportivo como propaganda fascista: la que ganara la Copa del Mundo no podían ser otra que la mismísima azzura.
      Pero la tiranía de los régimenes dictatoriales europeos fue el karma de Sindelar. Primero, como dijimos, tuvo que padecer a Mussolini.  Luego, Adolf Hitler sería el tormento de su vida. El excelso jugador no comulgaba con las ideas nazis. Todo lo contrario. Como judío repudiaba las aberrantes medidas tomadas por el Führer, y nunca dio un paso atrás a la hora de manifestarse en público en contra del gobierno totalitario alemán. Tal es así que el 3 de abril de 1938, Austria enfrentaría a Alemania en un partido organizado para celebrar la anexión de estos dos países. Unión, que obviamente, no se dio bajo ninguna acción democrática precisamente; sino que Alemania “invadió” con sus fuerzas a su país vecino para, como todo imperio, lograr su expansión e imponer sus ideas.
         Fue entonces que se llevó a cabo el partido, que muchos aseveraron que tenía el resultado puesto antes de empezar: los alemanes debían ganar sí o sí. Con las autoridades del Tercer Reich en el palco, no había opción. Pero fue entonces que la figura de Matthias Sindelar se volvió más grande aun. El Mozart del fútbol apareció con todo su esplendor para marcar un gol de antología dejando perplejos a los germanos. Pero la rebeldía del capitán no terminaría allí. Consumada la conquista, se negó a hacer el tradicional saludo fascista invocando respeto, y festejó con un baile provocativo frente al palco donde estaban las autoridades nazis. El partido terminó 2 a 0 a favor de Austria.
         A partir de aquel día comenzó una persecución del régimen contra el jugador por considerarlo “peligroso” y un  “subversivo de las ideas del sistema”. Sindelar se negó al exilio. También rechazó todas las citaciones para jugar en la selección germana, acusando lesiones, que obviamente, no tenía.  El constante hostigamiento del aparato represor lo llevaron a dejar el fútbol: el primer objetivo de Hitler estaba cumplido. Pero Führer fue por más. Su manual de procedimientos aberrantes le dictaba que debía deshacerse del talentoso jugador. La GESTAPO (Policía secreta alemana) se encargó de hacerle la marca personal más difícil de su carrera. Le estaba jugando un partido de vida o muerte.
          El hombre de papel tuvo que refugiarse en la clandestinidad, y después de estar desaparecido durante algunos meses, el 23 de enero de 1939 apareció sin vida en su departamento junto a su esposa, María Castagnola. La causa de muerte fue inhalación de monóxido de carbono. Algunos afirman que fue un suicidio y otros le atribuyen el horrendo desenlace a militares nazis. Cualquiera de las dos hipótesis fue causa de una obstinada persecución.
          Su fallecimiento provocó un gran impacto en la gente. A su funeral acudieron más de 15 mil personas desoyendo a las autoridades del Tercer Reich quienes alertaban severas represiones a los que acudieran al entierro.

         Fue el mejor futbolista de su país. Pero será recordado también por su valentía a la hora de oponerse a la crueldad de un sistema perverso que sometía a través del miedo y la represión. Sindelar es reconocido como un héroe en su tierra. Su partido. El partido de la memoria y el coraje, lo lleva ganado hace decena de años.