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viernes, 3 de abril de 2015

El Fútbol y la Guerra de Malvinas: El show debe continuar

     
     El viernes 2 de abril de 1982, las tropas argentinas desembarcaban en las Islas Malvinas y comenzaba la guerra que dejaría cientos de jóvenes muertos y otros tantos con nefastas secuelas. En paralelo, la AFA daba inicio ese mismo viernes por la noche a la novena fecha del Torneo Nacional que se abría con el partido entre Central Norte de Salta y Mariano Moreno de Junín. El encuentro, que se disputó en el estadio de Gimnasia y Tiro ante la presencia de 2.580 espectadores, terminó con victoria para los salteños por 1 a 0. El transcurrir de la fecha siguió, por ejemplo, con encuentros como Huracán-Boca en Parque de los Patricios, o River - Nueva Chicago. Por la Primera B, Lanús y San Lorenzo, buscaban el regreso a Primera.
     Los días pasaban y la pelota seguía rodando como si nada ocurriera. Mientras tanto, varios kilómetros al sur, los novatos solados argentinos luchaban en inferioridad de condiciones ante las expertas tropas inglesas. Los bombardeos eran cada vez más sangrientos. Eso sí, en todas las canchas del país se cantaba el himno nacional, que respondía a un siniestro mensaje patriótico, tan absurdo que solo se entiende en el contexto del delirio de un país bajo la dictadura.
     Aquel campeonato fue ganado por el recordado Ferro de Timoteo Griguol. Luego vendría el Mundial de España y la ilusión de todos los argentinos que anhelaban con ver a un joven Diego Maradona quedarse con la Copa del Mundo junto a la base de los jugadores campeones de 1978. Incluso, los mismos soldados que sentían caer las estrepitosas bombas a metros de su humanidad trataban de sintonizar en sus radios cada partido que el conjunto del Flaco Menotti disputaba. Así de loco, así de increíble: mientras oían las gambetas de Diego o gritaban los goles de Bertoni, sus vidas estaba en manos de la puntería de las tropas inglesas.
     
El fútbol, como suele ocurrir ante la barbarie ilimitada del poder, fue una herramienta de distracción social. Los desaparecidos, la falta de libertades, el descalabro económico y social, y las muertes a causa de la guerra, debían esconderse bajo la alfombra. Una junta militar debilitada, una AFA de Julio Grondona al servicio del poder, el silencio de los medios de comunicación y un sentimiento patriótico que reposaba en todas las canchas del país al grito de "el que no salta es un inglés", permitieron semejante desvarío. Aunque en aquella gélidas islas miles de jóvenes compatriotas murieran víctimas de una guerra absurda, el show del fútbol debía continuar.

martes, 4 de noviembre de 2014

Fútbol y Política: De la Marcha Peronista al arroz con leche

      El 24 de octubre de 1981, Nueva Chicago recibía Defensores de Belgrano y la hinchada local entonó las estrofas del himno justicialista. La policía, por ese entonces fuerza de seguridad del gobierno de facto del general Vola, detuvo a 49 simpatizantes. Al partido siguiente, y en clara señal de protesta, los hinchas verdinegros cantaron el “arroz con leche”.

A pesar de la censura, los diarios reflejaron aquel episodio.
       El tan ansiado ascenso estaba prácticamente consumado. Nueva Chicago se encaminaba a su primera temporada en la máxima categoría del fútbol argentino desde que el profesionalismo reina en nuestro fútbol. Esa tarde del 24 de octubre de 1981, Mataderos recibía a Defensores de Belgrano, y de ganar, su salto de categoría sería prácticamente un hecho.  El barrio y los alrededores estaban realmente convulsionados.
        Para proseguir con aquella crónica no debemos soslayar el contexto socio político que se estaba viviendo en nuestro país por aquel entonces. Eran tiempos de dictadura, de prescripciones de partidos políticos (el peronismo, el principal), de censura y de falta de libertad de expresión. “El proceso de reorganización nacional”, que ya comenzaba en decadencia, conducía el destino de nuestro país con el presidente de facto Viola a la cabeza.  
Chicago y el Peronismo, una relación muy estrecha.
           El local se alzó con la victoria de manera inexpugnable por 3 a 0. Pero no todo iba a ser felicidad para la gente de Mataderos. En medio del partido, en una clara muestra de desafío a la autoridad y de reivindicar la libertad de expresión,  la parcialidad local empezó a cantar el estribillo de la Marcha Peronista. Esto no gusto demasiado a las autoridades policiales que ordenaron reprimir a la gente una vez que ésta saliera del estadio. El saldo fue de 49 detenidos y otros tantos golpeados por la montada. Lo colorido fue que se los llevaron trotando hasta la comisaría a ancianos, mujeres y pibes. La gente de Los Perales reaccionó tirando piedras a los de la Montada, que llevaban a la gente como ganado”, recuerda Carlos Moreno, uno de los detenidos aquel día. Vale recordar que el número de apresados no fue superior sólo porque no había más patrulleros.
         Una semana después, el Torito enfrentó a Atlanta y los propios hinchas, con un tono jocoso pero también de repudio, cantaron el “arroz con leche”. Nueva Chicago y Mataderos siempre estuvieron muy arraigados al peronismo, quizás por eso es que fue la primera hinchada que cantó “el himno justicialista” en plena dictadura.